Junio 2014 - El estadounidense Rowan Gibson volvió a sorprender con los conceptos de innovación que forman parte del legado que ha dejado en empresas como Bayer, Coca-Cola, Heineken y la cementera Argos, para citar solo algunas.
Sus propuestas, que le han merecido el calificativo de ‘Señor innovación’, estuvieron en Cartagena durante el congreso de la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol) que finalizó ayer. Gibson, quien ha publicado los best-Sellers Innovation to the Core y Rethinking the Future, habló con EL TIEMPO del impacto en las empresas, entre ellas, del sector constructor.
¿Cómo define la innovación?
Innovar es introducir con éxito una nueva idea y lo que esta aporta de valor comercial o social. Tendemos a pensar qué tiene que ver con la creación de ideas, pero esta es solo la primera parte de la ecuación; de hecho, mucha gente tiene ideas pero nunca se implementan.
¿Cuál es el perfil del innovador?
Thomas Alba Edison dijo una vez que “el genio es 1 por ciento inspiración y 99 por ciento de transpiración”.
Esa es una descripción precisa del proceso, ya que un innovador no es solo quien tiene una idea sino alguien que verdaderamente se compromete a hacer que esta se convierta en realidad, y para ello se requieren tiempo, esfuerzo y riesgo.
¿De algo que aparentemente parece no tener sustento puede surgir algo innovador?
Hay dos aspectos importantes: el primero, la calidad de la idea y su impacto, ¿cuántas personas estarían interesadas en ella?, ¿Cambiará actitudes y comportamientos?, ¿Será competitiva en una industria en particular?
El tiempo es el segundo punto que se debe evaluar. Víctor Hugo escribió la célebre frase: “Nada es tan poderoso como una idea cuyo tiempo ha llegado”. La sola idea puede ser genial, pero si es el peor momento en la historia, no tendrá la posibilidad de ser una creación con valor comercial o social significativo.
Recuerdo que Apple lanzó el primer computador portátil o un asistente digital personal (el Newton) a principios de los noventa, pero fracasó porque su tecnología todavía no estaba lo suficientemente madura; además, el mercado no estaba preparado. Unos años después, Palm lanzó Palm Pilot y fue un éxito rotundo alrededor de todo el mundo.
¿En qué consiste el “motor de innovación” que usted cita en sus charlas?, ¿Tiene relación con los recursos económicos de una empresa para sacar adelante las ideas?
Cuando hablo de un motor de la innovación me refiero a un sistema de organización creado para guiar y apoyar procesos en una empresa, donde se planifica, administra y gestiona todos los días.
Sin embargo, en muchas no es un sistema sino algo que se deja al azar, sin metas ni objetivos definidos.
Y, claro, un motor de innovación requiere de recursos, como todas las áreas de la compañía.
Aun así, recuerdo cómo la firma de consultoría Booz Allen Hamilton llegó a la conclusión de que “los mejores resultados, en la mayoría de los casos, eran producto de la calidad de los procesos de innovación de la organización, más que de la magnitud de su gasto”.
¿Qué fórmulas hay para las pequeñas y medianas empresas interesadas en innovar, pero que no tienen suficiente dinero?
Lo primero es dejar las excusas. Apple comenzó en un garaje, Amazon en una mesa de la cocina y Dell, Google y Facebook, en las habitaciones de los campus universitarios.
Ninguna tenía dinero y hoy se habla de miles de millones de dólares. Entonces, ¿cuál era la fórmula mágica? Lo que dije antes: una gran idea en el momento adecuado.
Y hay que trabajar muy duro para lograr desarrollos con el potencial de revolucionar la industria. Luego, hay que manejar uno o dos proyectos con los recursos que realmente se pueden invertir, aunque si se considera que vale la pena, hay que tener el valor de asumir el riesgo.
Específicamente, en el sector constructor, ¿qué opina de las nuevas generaciones que copian la arquitectura de vanguardia mundial, que muchas veces no se adapta a un entorno con necesidades más sociales?, ¿Cómo entra la innovación en este caso?
Una idea no tiene que ser completamente nueva o única. Puede ser algo existente en otro lugar pero que se descubre y se adapta a las necesidades locales y a los gustos.
Colombia es bueno en esto y tiene fama por utilizar la arquitectura como una herramienta para la innovación social; basta citar el Parque Biblioteca España, la Biblioteca León de Greiff o la escalera mecánica que sube hasta la Comuna Trece; esa es la verdadera innovación urbana; de hecho, admiro al arquitecto colombiano Giancarlo Mazzanti.
Argos, un caso de éxito
Rowan Gibson ha trabajado con Cementos Argos durante cuatro años y algo que le llamó la atención fue la forma en que el equipo de liderazgo acogió la innovación para crecer en el futuro. Para ello, los directivos fijaron un objetivo financiero ambicioso y entendieron que la innovación no era solo una casualidad. De hecho, invirtieron en un “motor de innovación” e integraron las fortalezas de toda la compañía. Hay un vicepresidente de innovación y gerentes que impulsan los procesos; además, pusieron en marcha una plataforma de TI para recibir y gestionar ideas. Esto también incluyó capacitación que, de hecho, ha llevado a la empresa a innovar en productos, servicios, procesos de fabricación y tecnologías, entre otros.
Para trascender en el sector constructor
Para Gibson, existe un enorme potencial para la innovación en el sector constructor a través de la cadena de valor.
Parte de su enseñanza se basa en un método para descubrir las que identifica como “los cuatro objetivos de la innovación”.
Están las “ortodoxias desafiantes”, que es cuestionar lo convencional.
Lo segundo es implantar las “tendencias de aprovechamiento”. Esto significa cambiar por completo – cuando sea necesario– los planes iniciales para atender conceptos nuevos.
Lo tercero que destaca es el “apalancamiento de recursos”, es decir, usar estrategias existentes en la empresa o fuera de ella con el fin de crear valor para los clientes.
Finalmente, cita el “entendimiento de las necesidades”, que significa ver las cosas desde la perspectiva del cliente, previa identificación de los requisitos insatisfechos.
Sección Vivienda EL TIEMPO / Gabriel E. Flórez G.