Planeación urbana, pero a largo plazo

Enviado por admin el Lun, 03/04/2017 - 15:15

Un hecho recurrente en el sector de la construcción en Bogotá tiene que ver con que las principales firmas se han ido para otras ciudades y municipios aledaños, y no porque no existan necesidades de vivienda en la ciudad, sino por la falta de claridad normativa y suelo para desarrollar proyectos nuevos.
 

Lo anterior riñe con un hecho evidente: el desarrollo de la ciudad es dinámico. Solo basta observar desde un avión que sobrevuele Bogotá, cómo esta crece desmesuradamente, pero, por qué no decirlo, de manera desordenada.
 

Es claro que las administraciones que han tenido a cargo el manejo de la ciudad han propuesto ideas que buscan mejorar todos los problemas que nos aquejan en materia de movilidad, seguridad, inclusión, cercanía a centros hospitalarios, educativos y comerciales, y mejora en los servicios públicos, entre otros.
 

Infortunadamente, esta no es tarea de cuatro años, ya que se requiere una planeación, la consecución de los recursos necesarios, el lanzamiento de los planes y, finalmente, la construcción de las obras.
 

Mientras se cumple todo este ciclo, el costo de la tierra va subiendo, en tanto que con el permanente cambio de las normas en la siguiente administración vuelven a variar los términos, con las respectivas consecuencias en cuanto al valor de la tierra –constante y desordenado–, y el cual se refleja en los precios de la vivienda.
 

En medio de este panorama, y dada la escasez de tierra en la ciudad, la Sabana se está llenando de nuevas edificaciones. Y en Bogotá, la gestión del constructor lo lleva a comprar casas en desuso, juntarlas y así poder contar con un lote adecuado para un desarrollo interesante.
 

Sin embargo, en el tiempo que dura este proceso, las normas podrían cambiar y el trabajo se hace más difícil, sin mencionar la tramitomanía galopante y que, en conjunto, dan como resultado incrementos en los precios de venta del inmueble terminado.
 

Por ello, es importante que la planeación urbana sea a largo plazo, no solo de la alcaldía de turno y de la visión particular del gobernante sobre el tema.
 

Como constructor, propongo la creación de un grupo de personas estudiosas y prácticas en el mundo del urbanismo, que sesionen permanentemente, lo que no solo garantizaría continuidad y mejoramiento en la planeación, sino que les permitiría a los ciudadanos saber para dónde va la ciudad y conocer su ordenamiento.
 

Esto redundaría en un crecimiento ordenado, con seguridad jurídica y planes a largo plazo para construir y renovar la ciudad. Este primer grupo debe ser representativo de los diferentes criterios y normas que han sido exitosas. Posteriormente, las alcaldías nuevas, cada cuatro años, solo pueden cambiar dos nuevos miembros. Esto garantiza continuidad.
 

Pero tratándose de una ciudad-región como la nuestra, es necesario incluir los municipios vecinos, cuyo crecimiento está soportado –en gran parte– en el comportamiento de la población bogotana, el cual es dinámico y no permite que se tenga que esperar diez años para cambiar un Plan de Ordenamiento Territorial (POT). El estudio permanente y continuo, del desarrollo de la ciudad también garantizará una mejor calidad de vida.
 

Carlos A. Moreno

Especiales para EL TIEmpo

Gerente constructora Contein

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