Al estar inmersos en el modo de vida cotidiano que realizamos, resulta algo normal para la gran mayoría de nosotros el ir replicando un determinado actuar en el vivir, sin detenernos por un momento a reflexionar y mirar cómo es que estamos haciendo lo que hacemos o como es que estamos viviendo del modo en que estamos viviendo. Nuestro modo de vivir y de actuar, no solo en el ambiente laboral sino en los diferentes espacios relacionales (hogar-familia, social, académico-intelectual y en los espacios de negociación, entre otros) termina gestándose desde un actuar automático irreflexivo en donde replicamos aquello que hemos aprendido durante nuestras vidas, bien sea en casa, en el colegio, en el trabajo o con los amigos, sin siquiera darnos cuentas de las consecuencias de ese actuar.
No significa lo anterior que lo que hagamos este mal, por el solo hecho de haberlo aprendido en la cultura a la cual pertenecemos, lo que significa más bien es que al no mirarlo en perspectiva, somos inconscientes de si nos gusta el vivir que vivimos y la forma como lo creamos, estando muchas veces en posiciones incomodas en donde “nos duele el vivir” en ciertos aspectos pero pareciéramos incapaces de comprender el porqué, dado que trasladamos la responsabilidad a un mundo ajeno a nosotros mismos. Así, si algo sale mal en el trabajo, debe ser que alguien distinto a mi no entiende cómo es que deben hacerse las cosas, o quizás que las directivas no tienen claridad sobre la estrategia más adecuada para la empresa, o que los subalternos son flojos o mediocres en su trabajo, en fin, una serie de razones que en últimas ponen el foco fuera de mi y lo centran el otro.
Cuando hablamos de negociación e Inteligencia Relacional, estamos hablando en primera medida de un cambio en la mirada, entendiendo que yo, como ser único, como ser biológico y como ser multidimensional, tengo la espectacular posibilidad como ser humano de mirarme a mí mismo y comprender, desde la reflexión, que pudo cambiarme, reinventarme, reinterpretarme y desde allí, cambiar el mundo frente mí. El negociador de hoy tiene un reto sin igual en la historia de la humanidad, pues no solo debe ser exitoso o dar resultados económicos para su empresa, negocio o sus accionistas; tiene además de lo anterior la inmensa responsabilidad de reinterpretar las reglas que rigen el mundo, reinterpretar las ecuaciones que gobiernan la economía y sin ir más allá, repensar la forma como los seres humanos nos estamos relacionando, no solo entre nosotros mismos –antropósfera- sino con todo aquello que nos rodea –biósfera-. El líder de hoy debe ser social, relacional y ecológicamente responsable.
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