La percepción de riesgo sobre el patrimonio aumentó debido a casos como el del edificio Space, en Medellín, que hacen que el peligro se sienta más cerca.
Según Fasecolda, solo 17.424 copropiedades en el país están cobijadas con el seguro obligatorio, muy pocas si se tiene en cuenta que, por ejemplo, en Bogotá existen 43.389, tal como lo indican datos de Catastro Distrital.
Y de estas, solo 19,2 por ciento se encuentran amparadas, lo que significa que en caso de un siniestro los propietarios perderían todo su patrimonio.
De ahí la importancia de conocer las bondades de los seguros y dejar de lado la idea de que “eso le pasa solo a los demás”.
Para comenzar, hay que recordar que en caso de un incendio o terremoto el amparo obligatorio para el conjunto respalda los bienes comunes. Pero, ¿qué pasa con el patrimonio de cada apartamento? Para ello existen las pólizas complementarias que se han convertido en una opción destinada a proteger el patrimonio.
De hecho, con el fin de concientizar a la gente, la industria aseguradora ha emprendido campañas de educación sobre los riesgos y los mecanismos para mitigarlos; entre ellas, el programa Viva Seguro que, además, busca que el beneficio no se perciba como algo costoso acercándolo a personas de bajos recursos y creando micro seguros que le permiten a las familias proteger sus bienes a buenos precios.
En el caso del seguro obligatorio es importante entender, por ejemplo, que muchos tienden a confundir las zonas comunes de una copropiedad (salón comunal, escaleras, pasillos, parqueaderos, zonas de recreación, piscinas, etc.), con otros bienes comunes que incluyen las columnas, las vigas, las fachadas, los techos y los cimientos, entre otros. Hasta allí llegaría este amparo; pero, ¿qué pasa con lo que resta de un espacio habitable y que constituye el patrimonio?
Mercado especializado
La industria tiene los Seguros del Hogar, una gama con coberturas complementarias que las personas pueden adquirir voluntariamente y que permiten proteger la vivienda contra una variedad de riesgos asociados no solo al inmueble, sino a los enseres.
Por ejemplo, William Pinzón Caicedo, gerente de seguros Generales en Seguros del Estado, señala que en lo que tiene que ver con los inmuebles se puede optar por las coberturas tradicionales como incendio con alcance a todo riesgo (que cubre todo lo que no está excluido), sustracción con violencia, daño interno en equipos, responsabilidad civil por daños a terceros en el que se ampara hasta los gastos médicos a terceros y accidentes personales, entre otros.
En estos casos, la cobertura tradicional es importante, ya que al propietario le permitirá reconstruir su vivienda después de que el seguro obligatorio haya solventado la edificación de las bases. Sobre esta se pueden contratar coberturas como daños a terceros y otras dentro de un gran portafolio que ofrece el mercado asegurador. La lista y las oportunidades de protección son grandes. Con los fenómenos climáticos, nadie está exento de sufrir daños. Incluso, por la caída de un avión o el choque de un vehículo contra la edificación que no solo ocurre en las películas; qué decir de los actos mal intencionados de terceros como terrorismo, daño interno en maquinaria o equipos de cómputo, o simplemente la sustracción con violencia cometida por personas extrañas a la copropiedad.
Ejemplos de que se debe revaluar la famosa frase: “Eso solo les pasa a los demás”.
Coberturas para todas las necesidades
Los hogares también están sujetos a muchos daños y hasta a hurtos simples o calificados, falsedad y abuso de confianza y estafa cometida por sus empleados. Según el equipo de profesionales de la Equidad Seguros, estos incidentes, simples pero frecuentes, se incluyen coberturas que se pueden adquirir fácilmente y que también extienden su efecto a los arrendatarios o inquilinos.
Incluso, las compañías han incluido amparos para los daños que una mascota pueda generar a terceros, hasta servicios de asistencia como cerrajería, electricidad y plomería, que son el día a día de muchas familias que al no saber que existen contratan servicios complementarios.
Sección Vivienda EL TIEMPO