Octubre 2014- Tom Dixon es quizá el diseñador británico más aclamado y reconocido del momento: sus lámparas, muebles y, ahora, su colección de objetos decorativos han conquistado un lugar dentro del mundo "académico" del diseño industrial. Su S Chair, editada por Capellini o su luminaria escultórica Jack están consignadas en el libro 1000 Phaidon Design Classics y han sido adquiridas por instituciones como el MoMA de Nueva York, el Victoria & Albert de Londres y el Centro George Pompidou de París. Además, bajo su propia marca, estos se venden con bastante éxito en más de 60 países alrededor del mundo.
Logros nada despreciables para alguien que dejó la escuela de arte y en su juventud tocaba el bajo en un grupo de rock para ganarse la vida. Tom Dixon, quien se define como autodidacta e inquietamente creativo, comenzó armando sillas con pedazos de metal recogidos de las calles que después soldaba: “Me interesaba hacer cosas y en realidad no me importaba si se trataba de pan, sillas o bicicletas… Fue mucho después que descubrí que algunas de estas cosas tenían un valor, que la gente estaba preparada para pagar por ellas... y que podía convertir chatarra en oro”, dice en entrevista con HABITAR.
Su talento dio frutos que propiciaron su colaboración con la firma italiana Capellini. Luego tuvo su “primer trabajo formal” con la firma Habitat, a la cual dio un exitoso giro como director creativo y donde por diez años aprendió cómo funciona una gran empresa. Estaba listo para volar solo y en 2002 fundó Tom Dixon, empresa que manufactura (la gran mayoría de sus objetos están hechos en Inglaterra), mercadea y comercializa sus diseños con gran fortuna: “la mezcla entre ser diseñador y empresario es extremadamente divertida”.
Su sello de autor son sus superficies pulidas que expresan la pasión por las formas geométricas, su obsesión por trabajar los metales con el tesón de un artesano y la curiosidad de un científico, pues incorpora tecnologías de vanguardia para producir sus objetos. Califica su diseño como 100% británico, con esa fina ironía, algo de clasicismo y mucho de vanguardia: “Si tuviera que definirme, sería un Land Rover”.
Ha diseñado todo tipo de objetos pero dice estar “obsesionado con las lámparas” y disfruta trabajar con iluminación por el tema tecnológico. "Me encantan los desafíos y abordarlos desde un punto de vista naïve". Por eso, después de enfocarse por tanto tiempo a los metales, ahora se encuentra explorando otros materiales como los textiles, el vidrio y la cerámica, "¡Así que estén pendientes…!", dice.
Al preguntarle sobre su concepción del diseño responde: "El diseño nunca es una sola cosa. Es influenciado por tendencias y modas, tal y como la industria de la música o de la comida… Pero cuando produces algo, tu diseño debe tratar de mejorar algo que ya existe, hacer que funcione mejor o resultar en una invención que pueda cambiar la vida. Soy muy curioso y todo a mi alrededor me despierta nuevas ideas".
A través de su Design Research Studio, Dixon ha diseñado también restaurantes, entre ellos el Barbecoa del chef Jamie Oliver. Hasta ahora su proyecto más grande ha sido el recién inaugurado hotel Mondrian Sea Containers, junto al Támesis. En Colombia, los muebles, lámparas y objetos decorativos de Tom Dixon se encuentran a la venta exclusivamente en los almacenes Zientte.
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