Redacción / Patricia Ruan García-Herreros
La región del Tequendama, en Cundinamarca es el escenario de esta casa de recreo con una arquitectura de líneas puras que se mimetiza entre la exuberancia del entorno e invita a vivir con intensidad la experiencia del paisaje.
Cada rincón de esta casa de 1.200 metros cuadrados está en contacto con la naturaleza e invita a encontrarse con ella. Este ejercicio de integración ambiental realizado por firma Octubre, con diseño de Guillermo Arias y Luis Cuartas en colaboración con Ernesto Puente, refleja la importancia que tuvo la etapa de estudio concienzudo del terreno y sus posibilidades para entender el lugar y ejecutar este proyecto que tiene en el paisaje de montaña tropical de la zona del Tequendama el tema principal de inspiración.
La arquitectura se fue dibujando en el terreno tomando en cuenta la vegetación existente y a medida de que avanzaba, se fue integrando con el diseño paisajístico. Este es el resultado del trabajo colaborativo entre la arquitecta paisajista Ángela de Francisco, los arquitectos de la firma Octubre y el cliente, quienes lograron modular cada porción de naturaleza de tal manera que la vegetación es el elemento que permite dar privacidad a los espacios, producir visuales imponentes y armonizar la escala y el aspecto de la casa que, no obstante sus grandes proporciones, apenas se siente en el lugar.
El diseño arquitectónico se desarrolla en un lote irregular de topografía inclinada que se va abriendo en forma de abanico y que dispone una amplia zona para las cuatro habitaciones tipo suite que se constituyen en módulos independientes. El acceso a cada habitación se propone prácticamente como un recorrido ritual sugerido por la arquitectura, con el manejo de los caminos enlosados con dilataciones demarcadas por franjas de piedras de río y bordeados por la vegetación. Cada una de las alcobas se prolonga hacia una terraza en la que la presencia del agua y las plantas subrayan el contacto con el entorno.
En el extremo opuesto a las habitaciones se ubica el área de actividad común de la casa, con un área social a la que se llega desde la plazoleta de los parqueaderos, después descender por una circulación introvertida trazada con el propósito de no mostrar la casa de una sola vez, y que invita a descubrirla poco a poco.
Al igual que sucede con el acceso a las habitaciones, la circulación hacia los ambientes sociales está definida por acequias y espejos de agua con un diseño ortogonal enmarcado por perfiles metálicos oxidados. A cada paso, la vegetación está trabajada como una sucesión de cuadros que van apareciendo para embellecer los recorridos.
El área social del proyecto cuenta con una serie de lugares para estar y comer, que incluyen una cocina abierta con mesón ovalado de mármol, pensada como un sitio actividad para compartir entre amigos. Para otro tipo de preparaciones o un uso más rutinario, se dispone de una cocina independiente.
Todos los espacios se proyectan a los jardines y a la vista gracias a los amplios vanos y a las puertas corredizas, que cuando se recogen y se ocultan en los muros dejan ver los exteriores entre los que predomina una gran terraza dispuesta a manera de playa sobre una piscina de 25 metros de largo, con un ancho que varía entre 4 y 6 metros.
En el otro modulo, al que se llega recorriendo terrazas y jardines, está el área de los juegos para quienes deseen dedicarse a actividades como el billar al resguardo del sol. Los colores de la casa están definidos por el blanco de los elementos arquitectónicos, el tono marrón de la carpintería en cedro tintillado (desarrollada por Pedro Londoño de La Carpintería) y el mármol Royal verde, material que adquiere un carácter especial al adaptarse a cada una de las aplicaciones ya que se usó ampliamente en el enchape de pisos, baños, terrazas, patios y de la piscina.